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2013-03-18

Cemento sin alma. Robert Harding Pittman: mirada sobre los efectos de la construcción desorbitada

Robert Harding Pittman, nacido en la localidad de Rochester, cerca de Nueva York, pero criado en Boston y estudiado en Los Ángeles, donde cursó ingeniería medioambiental, es fotógrafo y documentalista. Acaba de presentar en La Casa Encendida una exposición fotográfica de fuerte contenido ecologista. La ha denominado Anonymization y se refiere a los efectos deshumanizadores que sobre la memoria, el presente y el futuro de las personas de numerosos países acarrean las macrourbanizaciones, esos enormes complejos construidos presuntamente para facilitar los asentamientos de población donde el cemento y el asfalto laminan todo: árboles, mariposas, flores o arroyos; eso sí, con algún campo de golf cercano que permanecerá casi vacío hasta el fin de sus días y que, por término medio, si tiene el suficiente número de hoyos, demandará el agua que podría consumir una localidad de 12.000 habitantes.


Pittman cuenta que en una ocasión, unos indios navajos de Arizona le explicaron que “el dinero es enemigo de la riqueza” y que esas urbanizaciones “no procuran nunca ni aire, ni agua, ni alimentos limpios, donde reside el secreto de la verdadera buena vida”.


Las fotografías de Pittman son testimonios reveladores del expolio que la construcción desaforada ha causado. Lugar preferente en este fenómeno de desertización social lo ocupan macrourbanizaciones españolas, algunas de ellas abandonadas, como una de la provincia de Murcia, donde Pittman escuchó que se trataba de “imitar los modos de vida de California”. Y explica: “Lo curioso es que en Las Vegas, los constructores de allí bautizan sus urbanizaciones con nombres españoles y dicen perseguir imitar los modos de vida del Mediterráneo”, ironiza. “Pero en uno y otros lugares, el resultado es el mismo: la desertización del entorno, la ruina de los recursos naturales y el sepultamiento de los seres humanos, así desprovistos de vínculos con la naturaleza circundante, en un anonimato silencioso e inexorable”.


El fotógrafo remarca que en los desiertos norteamericanos, “se han construido verdaderas ciudades a base de meras neveras portátiles con tejado, una apología en cemento dedicada al aire acondicionado, al asfalto y a la gasolina, donde los árboles centenarios han desaparecido para dejar paso a arbolitos sin arraigo alguno y a complejos de miles de casas feas y desalmadas”. Por el contrario, en Corea del Sur, subraya, “la moda es diferente: lo mejor es vivir en una torre de muchísimos pisos, siempre con un campo de golf cercano; las casitas de una o dos plantas quedan para la gente pobre, la misma que no podrá habitar nunca un rascacielos”.


Detrás de todos estos procesos se encuentran albañiles de carne y hueso, como es el caso de Kutty, un obrero emigrado a Dubái desde la provincia de Kerala, en la Unión India. Pittman cuenta que el albañil indio construye en el emirato más rico del mundo una urbanización durante 12 horas de cada día; gana no más de cinco dólares por jornada y habita en barracones infectos, hacinado junto con miles de compatriotas suyos atrapados como él por las deudas contraídas con los tratantes de mercancía humana que les consiguieron trabajo en el emirato del golfo Pérsico. “Solo en 2004, hasta 900 albañiles murieron de insolación en este reino árabe, donde se alza el 20% de las grúas que faenan en todo el mundo”, se informa en un panel.


En España, las cosas no han sido demasiado distintas. Se ha construido a un ritmo escalofriante: según cifras oficiales, entre los años 1997 y 2003, se edificaron 36 hectáreas de territorio por día, 2,6 hectáreas por hora. Durante el lustro siguiente, el territorio construido cada día se elevó a 63 hectáreas por jornada. El litoral costero es uno de los escenarios más dañados.


Las fotografías de Pittman relatan a través de objetos y plantas estos dramas: árboles precintados, terrenos baldíos, plásticos cubriendo el suelo, muros de casas vacías, iguales, monótonas, desalmadas… sin un árbol en su contorno, sin un ser humano feliz en sus alrededores. “He querido prescindir de las personas para que se vea bien la huella que estas macrourbanizaciones causan en el paisaje”, dice.


Anonymization: De 10.00 a 21.30. Hasta el mes de mayo. La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 6. Acceso libre.


Fuente:  El País


 


Más información: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/03/14/madrid/1363299833_707821.html


 

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